VI DOMINGO DE PASCUA -Ciclo A-
Jn 14, 15-21
«Yo le pediré al Padre que les de otro defensor»
Hoy es el Día de las Madres en Venezuela. Y creo que no es casualidad que el Evangelio de hoy hable precisamente de esto: de no dejar solos a los que amamos.
Cuando una mamá tiene que irse —al trabajo, al hospital, a otro país buscando sustento— lo primero que hace es buscar a alguien de confianza y decirle: "Cuídamelos." No se va tranquila hasta que sabe que alguien va a estar con sus hijos.
Jesús hace exactamente eso hoy. Sabe que se va. Y antes de irse le dice al Padre: "No los dejes solos." Y el Padre envía al Espíritu Santo. El Paráclito. El que se queda. El que cuida.
¿Quién es el Paráclito?
Paráclito es una palabra griega que significa el que se pone a tu lado. El defensor. El consolador. El que entra cuando estás solo en una situación difícil y te dice: "Aquí estoy. Yo hablo por ti."
Y Jesús dice algo hermoso: "Les daré otro Paráclito." Otro. Porque el primero fue Él. Jesús fue el primero en ponerse a nuestro lado. Ahora, al irse, no nos deja sin ese amparo.
Nos manda al Espíritu para que esa presencia continúe, pero ahora desde adentro.
Pero Jesús pone una condición: "Si me aman.." No nos pide un sentimiento permanente de fervor religioso. Nos pide algo muy concreto: vivir como Él vivió: Dándose. Sin pedir nada a cambio.
Y el mandamiento que lo resume todo es: "Amense unos a otros como yo los he amado." No dijo: "Amenme a mí." Dijo: "Amense entre ustedes." El amor a Jesús se demuestra en cómo tratas al que tienes al lado.
¿Sabes quiénes entendieron eso mejor que nadie? Las madres. Una madre no ama a sus hijos porque se lo merezcan. Los ama porque sí. Gratuitamente. Incansablemente. Eso es exactamente el amor que Jesús nos pide que vivamos unos con otros.
Y lo más asombroso de todo es que Él necesita tus manos. El Espíritu Santo quiere consolar a mucha gente que está sufriendo ahora mismo en este país. Pero necesita hacerlo a través de alguien. A través de ti.
No tiene manos físicas. Tiene las tuyas. No puede llamar a las once de la noche para preguntar cómo estás. Pero tú sí puedes.
Cuando te acercas a alguien que sufre, cuando te sientas a su lado sin saber qué decir pero sin irte, cuando mandas un mensaje que dice simplemente "estoy pensando en ti"... en ese momento el Espíritu está consolando a través de ti.
Pensemos hoy en las mamás venezolanas que están lejos de sus hijos. Las que emigraron y no pudieron volver. Las que hoy no tienen con quién celebrar. Las que perdieron a sus hijos en las cárceles. Las que no pudieron despedirse de sus hijos. Para ellas también necesitamos ser Paráclitos, mensajeros de consuelo, defensores.
Un mensaje, una llamada, una presencia. Una oración. Un pequeño gesto, es un gran consuelo.
Nos acercamos a Pentecostés. Y la pregunta que el Evangelio nos deja hoy es muy concreta:
¿Para quién vas a ser tú el Paráclito esta semana?
No hace falta que sea algo grande. El mundo está lleno de personas que esperan a alguien que se ponga a su lado y les diga con su presencia: "No estás solo."
Hoy, en el Día de las Madres, demos gracias a Dios por todas las mamás que fueron eso para nosotros. Y pidámosle al Espíritu que nos haga capaces de serlo nosotros para los demás.
Sal de aquí siendo Paráclito.
"Yo le pediré al Padre que les de otro Defensor, que esté siempre con ustedes." (Jn 14,16). Sintamos es Presencia que nos defiende, que nos cuida, que nos consuela, que nos salva. ¡Qué así sea! Aleluya.!