V DOMINGO DE PASCUA -Ciclo A-

Domingo 03 / May
Jn14, 1-12
"Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida"

Hermanos y hermanas, siempre es una alegría celebrar el Domingo. Seguimos en este tiempo de alegría pascual, contemplando al Cristo Resucitado que camina con nosotros; y hoy nos dice algo que vale la pena escuchar con el corazón abierto.

1. Una Iglesia que nace viva — y con problemas reales

La Iglesia no nació perfecta. Nació viva.
Durante los días de Pascua venimos leyendo el libro de los Hechos, y lo que vemos es fascinante: una comunidad joven, llena del Espíritu Santo, pero con conflictos reales. En el capítulo 6 aparece el primero — las viudas de habla griega están siendo atendidas peor que las de habla hebrea. Una injusticia concreta, dentro de la Iglesia, en plena efervescencia pascual.

¿Qué hacen los apóstoles? No se esconden. Convocan a la comunidad y dicen con claridad: "No está bien que nosotros descuidemos la Palabra de Dios para atender las mesas." (Hch 6,2) Y eligen a siete hombres llenos del Espíritu Santo para esa tarea.

Aquí hay una enseñanza enorme: en la Iglesia todos somos corresponsables. No solo el sacerdote. Todos. Una queja legítima, hecha con caridad, no es desobediencia — es amor a la comunidad. Le da al pastor más elementos para servir mejor. Y nadie queda exento de todo: los que anuncian la Palabra también se preocupan por los pobres; los que sirven a los pobres también anuncian a Cristo. 

Como decía San Lorenzo, cuando el emperador le exigió los tesoros de la Iglesia — señaló a los pobres y dijo: "Estos son los tesoros de la Iglesia." La caridad y la Palabra no se separan jamás.

2. "En la casa de mi Padre hay muchas moradas"

Y entonces llega el Evangelio — y el tono cambia completamente.
Jesús está en la última Cena. Sus discípulos están asustados. Él va a morir. Todo parece derrumbarse. Y les dice algo que solo puede decir Dios:
"En la casa de mi Padre hay muchas moradas. Voy a prepararos un lugar." (Jn 14,2)

Qué palabras tan cargadas de esperanza. El cielo no es una idea abstracta — es una casa, con un lugar preparado para ti, con tu nombre.

Y "hay muchas moradas" significa también que hay muchos caminos para llegar. El camino de un sacerdote no es igual al de una mamá que madruga, trabaja, regresa agotada a casa. El camino de un joven que estudia no es igual al de alguien que emigró y carga con la soledad de estar lejos de su familia. Hay caminos distintos. Tiempos distintos. Cruces distintas. Pero todos — todos — pasan por el mismo Señor.

3. "Yo soy el Camino" — y hay que caminarlo

Aquí Jesús hace una de las afirmaciones más impactantes de toda la Escritura. Y fíjense bien: no dice "soy un camino". No dice "tengo un camino". Dice: "Yo soy el Camino."

Podía haber dicho: "Soy maestro" — y sería verdad. "Soy profeta" — y sería verdad. Pero va más allá.

Porque la vida no es solo entender cosas. La vida es recorrer un camino. Y ese camino tiene una puerta, un recorrido y una meta. ¿Y quién es la puerta? Cristo. ¿El camino? Cristo. ¿La meta? La vida plena en Cristo.

Piensen en alguien que sale de Venezuela — que deja su casa, su familia, lo que conoce — y empieza a caminar. Ese camino lo transforma. No llega igual que como salió. 

Así también con Jesús: no basta admirarlo desde lejos. Hay que caminar con Él. Poner los pies donde Él los puso. Intentar vivir como Él vivió. Aunque cueste. Aunque a veces no nos salga.

4. "Yo soy la Verdad" — y el mundo se incomoda

Aquí es donde el mundo de hoy se pone incómodo. Porque vivimos en una época que dice: "cada quien tiene su verdad", "todo depende", "nada es absoluto". Pero Jesús no entra en ese juego. No dice "yo tengo parte de la verdad". Dice: "Yo soy la Verdad."

Y esto no es arrogancia — es amor. Porque si no existe la verdad, todo da igual, el bien y el mal se confunden, y el ser humano se pierde.

Hoy vemos mucha gente confundida, herida, vacía — porque le prometieron felicidad sin verdad. 

Como la mujer hemorroísa del Evangelio: gastó todo lo que tenía buscando curación, y nadie pudo sanarla — hasta que tocó a Cristo.

Cuánta gente hoy gastando su vida, su energía, sus años, en caminos que no llevan a nada. Y Jesús sigue diciendo, hoy como entonces: "La verdad está en mí."

5. "Yo soy la Vida" — y eso es lo que todos buscamos

En el fondo, todo lo que hacemos es por felicidad. Seamos sinceros. Pero el mundo nos vende muchas mentiras: que la felicidad está en el dinero, en el placer, en el éxito, en el poder. Y al final — no llena.

Conozco a un hombre de 45 años. Un solo hijo, autista. Lleva semanas sin dormir bien — él y su esposa se turnan de noche. Perdió su trabajo. No sabe si mañana podrá darle de comer a su familia. Me escribió hace poco y me dijo: "Padre, a veces sueño con el cielo. Comparado con lo que vivo, el cielo me parece lo más hermoso del mundo."

Ese hombre no está huyendo de la vida. Está aprendiendo — a fuerza de cruz — que la vida verdadera está en el amor. Porque Jesús mismo es amor. Por eso una persona puede ser feliz siendo pobre, estando enferma, estando lejos de su tierra — si sabe amar. Y una persona puede tenerlo todo y estar completamente vacía.

San Agustín lo decía de forma preciosa: "Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti."

6. La pregunta de hoy

Hermanos, el Señor hoy nos hace una pregunta muy directa:
¿Por dónde estás caminando?
¿Por caminos que prometen mucho y no llenan? ¿O por el camino de Cristo, aunque sea exigente?

Porque aquí está la clave: Cristo no engaña. Cristo no decepciona. Cristo no abandona. Los hombres fallan. Los modelos del mundo se caen. Pero Cristo permanece.

En medio de tanta confusión, tanta angustia, tanta búsqueda — nosotros estamos llamados a ser testigos de esto:
Sí hay un camino. Sí existe la verdad. Sí es posible la felicidad.
Y todo eso tiene un nombre: Jesucristo.

Así que hoy, con sencillez, haz una oración en tu corazón:
"Señor, enséñame a caminar contigo. 
Aunque me cueste. 
Aunque vaya lento. 
Pero no me dejes salir de tu camino."

Y mientras caminamos, hagámoslo juntos — corresponsables unos de otros, cargando algo de la cruz del hermano — sabiendo que al final de ese camino nos espera una casa. Con muchas moradas. Y un lugar preparado para ti.  Amén. Aleluya.-

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GRACIAS VIRGEN DE LA CABEZA

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