DOMINGO DE RESURRECCIÓN -Ciclo A- 2026


Domingo 05 / Abr
Jn 20, 1-9
Él había de resucitar de entre los muertos.

La paz del Resucitado esté con ustedes. Muy feliz Domingo de Pascua.

Hoy no celebramos una idea bonita ni un símbolo inspirador. Hoy celebramos un hecho que lo cambia todo: Cristo ha resucitado. Y eso —hermanos— es lo único que importa. Lo dijo con claridad San Pablo: “Si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe” (cf. 1 Cor 15,14). Es decir, si esto no es verdad, entonces todo lo nuestro se cae. Pero si es verdad —y lo es— entonces todo cobra sentido.

Los primeros discípulos no estaban repitiendo teorías. Algo les pasó. Algo tan fuerte, tan desconcertante, tan real, que pasaron del miedo a la valentía, de esconderse a anunciarlo al mundo. No anunciaban una idea: anunciaban un encuentro. ¡Cristo vive!

Y desde ahí quiero compartirles tres luces muy concretas que nacen de la Resurrección.

Primera: este mundo no es lo definitivo.
Sí, este mundo es bueno, bello, real… pero no es todo. Todo aquí pasa: la vida, el dolor, los éxitos, incluso las lágrimas. Si todo terminara aquí, caeríamos en la desesperanza. Pero la tumba está vacía. Y eso significa que hay algo más, que la muerte no tiene la última palabra.

Por eso hoy podemos decir con San Pablo: “¿Dónde está, muerte, tu victoria?” (1 Cor 15,55). La Resurrección abre una puerta: nuestra vida está hecha para más, para lo eterno, para Dios.

Segunda: los tiranos no tienen la última palabra.
La cruz era el símbolo del poder que aplasta, del miedo, de la injusticia. Parecía que todo había terminado el Viernes Santo. Pero el domingo, Dios respondió.
Jesús resucitado nos muestra que el amor es más fuerte que la violencia, que la misericordia es más poderosa que el odio. Por eso, quien cree en Cristo ya no vive dominado por el miedo. Y cuando el miedo se rompe, los poderes injustos empiezan a temblar.
La Pascua nos dice: ningún mal es definitivo.

Tercera: el camino de regreso a Dios está abierto para todos.
Cristo bajó hasta lo más hondo: asumió nuestra condición, cargó con el pecado, entró incluso en la muerte. No hay lugar donde Él no haya llegado.
Y desde ahí, resucitando, nos toma de la mano para levantarnos. No importa cuán lejos alguien se haya ido, no importa cuán rota esté su vida: siempre hay camino de regreso.
La Resurrección no es solo un hecho del pasado; es una fuerza viva hoy. Cada vez que acogemos la misericordia de Dios, algo en nosotros resucita.

Hermanos, hoy la Iglesia no nos pide solo recordar, sino decidir.
Si Cristo ha resucitado, entonces Él es el centro. Entonces no podemos vivir igual. Entonces la esperanza es posible, incluso en medio de las cruces concretas de nuestra vida.

Así que hoy, en lo profundo del corazón, hagamos una opción:
creerle a la muerte… o creerle a Cristo.
Porque la gran noticia es esta:
Cristo ha resucitado. Y está vivo. Y camina con nosotros.

Y por eso, nuestra fe no es en vano.
Y por eso, nuestra esperanza no defrauda.
Amén. ALELUYA ALELUYA ALELUYA 

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GRACIAS VIRGEN DE LA CABEZA

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