SOLEMNIDAD DE SAN JOSÉ -2026-
Jueves 19 / Mar
Mt 1, 16.18-21.24
«José hizo lo que le había mandado el ángel del Señor»
Hoy celebramos la solemnidad de San José, custodio del Redentor y patrono de la Iglesia universal.
Es, sin duda, el santo más cercano a Jesús.
¿Quién ha convivido más con el Señor que él? Nadie. Ni siquiera los apóstoles compartieron tanto la vida cotidiana con Cristo como San José.
Y, sin embargo, no pronuncia ni una sola palabra en el Evangelio. Su vida es silencio… pero un silencio lleno de fe, de amor y de obediencia.
Hoy vamos a fijarnos en dos rasgos de su vida, iluminados también por el testimonio de los santos.
1. La humildad de San José
San José vive una misión única: cuidar a Jesús y acompañar a Virgen María. Pero no es el protagonista. Está en segundo plano.
Y aquí está su grandeza.
Decía San Bernardino de Siena que Dios confió a San José los tesoros más grandes que tenía: Jesús y María. Y él los custodió con fidelidad absoluta.
San José no busca destacar, no busca reconocimiento. Su vida entera es servicio, y la sigue estando con su intercesión desde el cielo.
Santa Teresa de Jesús, que tenía una profunda devoción a San José, afirmaba con una convicción impresionante:
“No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer.”
Y añadía algo todavía más fuerte:
“A otros santos parece que el Señor les dio gracia para socorrer en una necesidad; a San José, en todas.”
Esto nos revela algo muy profundo:
la humildad de San José no lo hace pequeño, lo hace poderoso ante Dios.
Nos enseña que no hace falta ser protagonista para ser imprescindible en el plan de Dios.
2. La docilidad en los cambios de la vida
La vida de San José está llena de cambios inesperados:
Tiene que aceptar un plan que no entiende del todo.
• Debe ir a Belén sin haberlo previsto.
• Huye a Egipto en plena noche.
• Vuelve y comienza de nuevo en Nazaret.
Nada sale según sus planes.
Pero él siempre dice “sí”.
San Juan Pablo II decía que San José vivió una “obediencia de fe”, acogiendo los planes de Dios incluso cuando no los comprendía plenamente.
Y San Francisco de Sales lo describe como el santo del abandono total en la voluntad de Dios: alguien que no pregunta tanto “por qué”, sino que confía.
Esto es clave para nosotros.
Porque cuando la vida nos cambia los planes —una enfermedad, una dificultad familiar, una responsabilidad inesperada— tendemos a resistirnos.
Pero Dios muchas veces actúa ahí.
Como ocurrió con Abraham, con Jeremías, con Jonás…
Dios transforma la vida cuando parece que todo se descoloca.
San José nos enseña a leer la presencia de Dios en esos cambios.
Para terminar
Quisiera cerrar con una invitación muy concreta, apoyados en los santos.
Decía nuevamente Santa Teresa de Jesús:
“Quien no hallare maestro que le enseñe oración, tome este glorioso santo por maestro.”
Hoy, quizás, muchos de nosotros estamos viviendo cambios, incertidumbres, situaciones que no esperábamos.
Pidamos a San José:
• su humildad para aceptar nuestro lugar,
• su fe para confiar en los planes de Dios,
• y su silencio lleno de Dios para escuchar mejor su voz.
Que él, que cuidó de Jesús en la tierra, cuide también de nuestra vida, de nuestras familias y de nuestra Iglesia. Qué así sea!