MIÉRCOLES SANTO -2026-

Miércoles 01 / Abr
Mt 26, 14-25
Conmemoración de El Nazareno 

Hoy es Miércoles Santo…
y el pueblo lo sabe.
Desde muy temprano, en tantos rincones de Venezuela, la gente se levanta con una intención en el corazón.

Algunos caminan kilómetros…
otros van en silencio…
otros llevan promesas…
otros lágrimas.
Todos van a lo mismo:
a encontrarse con el Nazareno.

Y esa es una de las cosas más hermosas de nuestra fe:
el pueblo no busca un Cristo lejano…
busca a un Cristo que carga la cruz.

Un Cristo que se parece a su vida.
Porque el Nazareno no es una imagen bonita…
es un espejo.
En Él, el enfermo se ve.
En Él, la madre que sufre se reconoce.
En Él, el que ha perdido la esperanza encuentra compañía.

El Evangelio de hoy nos habla de la traición.
Mientras Jesús se entrega, uno de los suyos lo vende.
Mientras Él ama, alguien calcula.
Mientras Él confía, alguien rompe la amistad.

Y uno podría pensar:
“Eso fue hace mucho tiempo…”
Pero no.
También hoy seguimos traicionando al Señor:
• cuando elegimos el egoísmo,
• cuando dejamos que el pecado nos gane,
• cuando vivimos como si Dios no importara.

Y sin embargo…
el Nazareno sigue saliendo a nuestro encuentro.
Eso es lo que el pueblo venezolano ha entendido con una profundidad impresionante:
que Jesús no se cansa de nosotros.

Por eso las iglesias se llenan.
Por eso hay promesas, velas, caminatas, lágrimas.
Porque en el fondo, el pueblo sabe que ahí está la esperanza.

Miremos al Nazareno.
No está en un trono…
está encorvado.

No está rodeado de aplausos…
está rodeado de dolor.

Pero sigue caminando.
Y eso es lo que hoy nos enseña:
a no rendirnos.

Tal vez tú hoy vienes con una cruz pesada:
problemas en la familia,
enfermedad,
soledad,
pecado…
No estás solo.

El Nazareno camina contigo.
Y no solo camina contigo…
camina por ti.

Hoy no es un día para mirar desde lejos.
Es un día para acercarse, para tocar el corazón de Cristo, para decirle con sinceridad:
“Señor, aquí estoy… con mi vida, con mis caídas, con mis luchas.”

Y escuchar en el silencio algo muy sencillo, pero muy profundo:
“Yo cargo tu cruz contigo.”

Que este Miércoles Santo no sea solo una tradición bonita.
Que sea un encuentro real.
Que al mirar al Nazareno, no solo veamos una imagen…
sino descubramos a un Dios que nunca se rinde con nosotros. ¡Qué así sea! 

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