MARTES SANTO -2026-
Jn 13, 21-33.36-38
«Uno de ustedes me va a entregar»
Hermanos, el Evangelio de hoy nos introduce en un momento muy tenso, muy humano… muy doloroso.
Jesús está a la mesa con sus discípulos. Es una cena entre amigos. Han caminado juntos, han compartido todo. Y, sin embargo, en medio de ese ambiente de intimidad, Jesús dice algo que rompe el corazón:
“Uno de ustedes me va a entregar.” (Jn 13,21)
Se hace un silencio.
Los discípulos se miran entre sí. Nadie señala a otro. Nadie acusa. Más bien, cada uno empieza a preguntarse:
“¿Seré yo, Señor?”
Esa es la pregunta clave.
Porque Judas no era un extraño. Era uno de los Doce. Había sido elegido. Había estado cerca de Jesús. Había visto milagros… y aun así, lo traiciona.
Y esto nos incomoda, porque nos hace ver una verdad:
la traición no viene de lejos… viene de cerca.
Pero antes de mirar a Judas, el Evangelio nos invita a mirarnos a nosotros.
Porque también nosotros, aunque amamos a Jesús, a veces lo traicionamos:
• Cuando sabemos lo que está bien… y hacemos lo contrario.
• Cuando cambiamos a Dios por intereses, por dinero, por comodidad.
• Cuando callamos nuestra fe por miedo.
• Cuando reducimos nuestra relación con Dios a algo superficial.
No vendemos a Jesús por treinta monedas… pero lo cambiamos por cosas mucho más pequeñas.
Y, sin embargo, hay un detalle impresionante en el Evangelio.
Jesús sabe quién lo va a traicionar… y aun así, le da el pan.
Es un gesto de amor. Hasta el último momento, Jesús busca el corazón de Judas. No lo rechaza. No lo humilla. Le ofrece amistad.
Así es Dios con nosotros.
Incluso cuando fallamos, incluso cuando lo traicionamos,
Él sigue acercándose, sigue amando, sigue ofreciendo su gracia.
La diferencia está en la respuesta.
Pedro también fallará… pero llorará y volverá.
Judas, en cambio, se cierra y se aleja.
Por eso, hoy no basta con reconocer nuestra debilidad.
Hay que decidir qué hacer con ella.
Por eso, la pregunta de los discípulos debe resonar hoy en nuestro corazón:
“¿Seré yo, Señor?”
Pero no como una duda angustiante…
sino como un examen sincero que nos lleve a la conversión.
En esta Semana Santa, el Señor no nos pide perfección.
Nos pide un corazón humilde, capaz de reconocer, de arrepentirse y de volver.
Tal vez hoy nuestro “paso concreto” sea:
• Hacer una buena confesión
• Pedir perdón de corazón
•Volver a Dios con sinceridad
Porque lo importante no es no caer…
sino no quedarnos lejos de Él.
Que hoy, al escuchar este Evangelio, no señalemos a Judas…
sino que miremos nuestro corazón.
Y que, en lugar de alejarnos,
tengamos el valor de volver a Jesús.
Amén.