DOMINGO DE RAMOS -Ciclo A- 2026
Domingo 29 / Mar
Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según San Mateo
«...para que se cumplan las Escrituras»
Hermanos queridos,
hemos comenzado esta celebración de una manera muy especial:
cantando con alegría: “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!”.
Rostros llenos de gozo, ambiente festivo…
Y, sin embargo, unos minutos después, hemos proclamado la Pasión del Señor.¹
Hemos pasado de la alegría al dolor, de la aclamación al rechazo, del “¡Hosanna!” al “¡Crucifícalo!”.
Y entonces surge una pregunta inevitable:
¿Qué pasó?
¿Qué ocurrió para que el mismo pueblo que aclamaba a Jesús termine pidiendo su muerte?
1. ¿Qué pasó?
Lo que ocurrió no fue simplemente la muerte de un hombre inocente.
Porque, tristemente, hombres inocentes siguen muriendo hoy: víctimas de la violencia, de la injusticia, de la ambición humana.
Pero si aquello hubiera sido solo eso, no estaríamos hablando de Jesús dos mil años después.
Lo que ocurrió fue algo infinitamente más grande:
Ese hombre inocente…
era Dios hecho hombre.
Dios que se entrega en manos de los hombres.
Dios que muere para salvar al hombre.
La víctima que se ofrece libremente por el culpable.
Y muere perdonando.
Y muere amando.
Y muere prometiendo la vida eterna…
confirmada luego con la Resurrección.
2. ¿Por qué pasó?
Aquí está el punto clave.
Muchos de los que aclamaban a Jesús el Domingo de Ramos
tenían expectativas equivocadas.
Esperaban un Mesías político, poderoso, que acabara con los romanos,
que resolviera los problemas externos: el hambre, la injusticia, la opresión.
Pero Jesús no vino a eso.
Jesús vino a algo más profundo:
a sanar la raíz del problema humano.
Y la raíz no está fuera…
está dentro de nosotros.
El verdadero enemigo no es el romano, ni el sistema, ni las circunstancias.
El verdadero enemigo es el pecado, el desorden del corazón,
lo que nos aparta de Dios.
Cuando uno no entiende esto, termina decepcionado de Dios:
“Yo esperaba que Él resolviera esto…
yo esperaba que cambiara aquello…”
Y como no responde a esas expectativas,
el “Hosanna” se convierte en “Crucifícalo”.
3. ¿Qué tenemos que hacer nosotros?
Primero, una invitación muy seria: Revisar nuestras expectativas.
¿Qué esperamos de Dios?
¿Le pedimos que nos arregle la vida… o que nos transforme el corazón?
Porque Cristo ha venido a darnos algo mucho mayor que soluciones pasajeras:
nos ha venido a dar la salvación.
Nos ha venido a hacer santos.
Nos ha venido a hacernos hijos de Dios.
Y quien espera eso…
nunca será decepcionado.
4. Nuestra respuesta: el agradecimiento
Ante este misterio, nosotros no podemos quedarnos indiferentes.
Si alguien no tiene fe, al menos debería sentir respeto y admiración:
por un inocente que muere sin odio, sin venganza.
Pero nosotros, que creemos…
solo podemos responder con una palabra:
AGRADECIMIENTO.
Agradecimiento por su vida.
Agradecimiento por su entrega.
Agradecimiento por su cruz.
Agradecimiento por su resurrección.
Decía Santa Teresa que contemplar a Cristo crucificado
nos da fuerza para afrontar la vida.
Y es verdad.
Cuando uno vive agradecido:
sus obras cambian,
su corazón cambia,
su vida entera se convierte en respuesta de amor.
Y cuando uno falla —porque todos fallamos— el agradecimiento lo lleva a levantarse, a pedir perdón,
a volver a Dios con humildad.
5. Comenzar bien la Semana Santa
Por eso, hermanos,
hoy, al comenzar la Semana Santa,
la invitación es clara:
Ponte de rodillas ante Cristo.
Contempla su Pasión.
Agradece.
Y dile con sinceridad:
“Señor, todo mi corazón es para Ti.
No quiero otra cosa más que amarte, servirte y adorarte.
Quiero vivir para Ti…
porque Tú has dado la vida por mí.”
Hoy la liturgia nos pone frente a una decisión:
¿Seremos de los que cambian de “Hosanna” a “Crucifícalo”?
¿O seremos de los que permanecen fieles?
Pidamos la gracia de tener un corazón firme,
una fe verdadera
y una esperanza bien puesta.
Para que, cuando llegue la prueba, no dejemos de proclamar: “¡Bendito el que viene en nombre del Señor!” ¡Qué así sea!
____________________________
¹. En el ciclo A leemos el Evangelio según San Mateo.
Y la Clave de comprensión de este evangelio es Jesús, el Mesías esperado que cumple las Escrituras
✓Mateo escribe para una comunidad muy marcada por el judaísmo.
✓En la Pasión subraya constantemente que todo sucede “para que se cumplan las Escrituras”.
✓Presenta a Jesús como el Rey-Mesías, pero rechazado.
Los rasgos propios de este evangelio que no se encuentran en los otros sinópticos son:
•El sueño de la mujer de Pilato.
•El lavatorio de manos de Pilato.
•La responsabilidad del pueblo: “su sangre caiga sobre nosotros…”.
•Fenómenos cósmicos: terremoto, santos que resucitan.